miércoles, 29 de junio de 2016

1.1 Socialismo de forma, capitalista en el contenido.

El mundo globalizado es naturalmente socialista. La excesiva, terminante concentración de los medios de producción y de sus bancos determinantes, controladores de la economía de dichos medios, a través de las finanzas, que transformaron el capitalismo productor en los monopolios del capital que encontraron en la especulación y en producciones más intangibles sus mayores medios de ganancia, producjo poderes escasos supraestatales. Las grandes bancas, dueñas de capitales enormes, producen ganancias superiores a las del Estado más poderoso, los Estados Unidos de América. Y su capital neto supera ampliamente el de cualquier nación del planeta. Semejante poder concentrado necesita planificaciones territorialmente continentales, en cuanto a qué, cómo, cuándo y dónde producir para maximizar las ganancias y el correspondiente crecimiento de la concentración del capital y, consecuentemente, del poder. Si asumimos que la economía planificada y centralizada representa la característica definidora del socialismo, tal es el caso actual.
Los gobiernos nacionales responden a las órdenes del poder supranacional, generando acuerdos económicos, tratados comerciales y uniones aduaneras que obedecen a las necesidades de los distintos grupos monopólicos supranacionales, pero también, chocan entre sí, pues diferentes súper monopolios necesitan diferentes y a veces colindantes tipos de tratados y uniones, así como diferentes extensiones territoriales. En este sentido, el carácter socialista de la forma de control de la producción y distribución de la riqueza producida, choca con el carácter esencialmente capitalista del contenido de dicho control. El objetivo no es la sociedad y mucho menos la clase obrera, que tiende a desaparecer, sino que semejante orden se establece en pro de un minúsculo grupo de familias que detentan dicho control.
Acá es donde sucede el choque cuyos resultados y futuro es incierto, mas nunca venturoso.

No parece factible, mucho menos deseable, tal concentración socialista de los medios de producción y financieros y el consecuente control organizado de la producción y distribución de la riqueza, a favor de un grupo escaso de personas, en un momento en que la humanidad cuenta con más de siete mil millones de personas. El riesgo de exterminio es real y de hecho se está llevando a la práctica. Pero también es de esperar que el riesgo de la violencia reaccionaria de las multitudes crezca hasta límites seguramente fuera de control. 

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