sábado, 6 de noviembre de 2021

 

Líderes

 

Desde tiempos inmemoriales los jefes, dirigentes, líderes, los machos alfa fundamentan su dominio sobre el clan, o la manada, en el argumento trivial de defenderlo de los enemigos. ¿Y quiénes son los enemigos? Pues, los depredadores. Así, el miedo a ser devorado funcionó como catalizador máximo, exclusivo en la formación de los clanes (que posteriormente se convertirían en manadas). En otras palabras, “el ser social” del humano no es más que una reacción irracional contra el miedo, como lo puede ser que se ericen los pelos, se paralicen los músculos, se dilaten las pupilas, o salir corriendo despavorido. Toda esa mistificación y sobre valoración que se hace del “ser social” humano no es más que una mentira orientada y defendida por los propios jefes para alimentar un ego social e individual injustificado, lo que se transforma naturalmente en pedantería.

¿Pero para qué los líderes querrían liderar? ¿Acaso eso no trae más problemas, responsabilidades? ¿No sería acaso más costoso desde el punto de vista individual la posición de líder que la de miembro anónimo de la manada? Pues, no. El líder goza de prebendas exclusivas que ningún otro miembro posee, por ejemplo, accede primero a la comida y elije las mejores porciones, en número y calidad, sin restricción. Posee a todas las hembras del clan, sin distinción de edades, de forma irrestricta. Tiene el derecho a elegir el mejor lugar para descansar, ya sea por ser el de mejor vista para observar la posible llegada de enemigos, o por ser el más discreto y apartado, para no ser molestado por los demás integrantes del clan. En síntesis, es muy ventajoso ser líder de la manada, jefe, dirigente, desde siempre.

Por supuesto, la vida del líder no es tan simple y magnífica como os pinté arriba, al menos no siempre. Porque normalmente, han de surgir “desafiantes” dentro del mismo clan, que pretenderán tener las mismas prebendas y para ello se auto promoverán a la posición de líder de la manada. En el caso de los mamíferos poco desarrollados, o de cuatro patas, tales desafíos se dirimen en duelos, o peleas, entre el alfa y el joven contendiente, normalmente con el triunfo del líder por su mayor fuerza, potencia, experiencia y habilidad para la lucha, aunque cuando este ya está envejecido, quien gana es el joven.

Sin embargo, en los clanes de bípedos pelados los líderes rápidamente descubrieron que hay una forma mucho más económica de serlo, y es unificando a la manada contra los enemigos. ¿Qué significa esto? Que el líder ya no necesita ser el mejor luchador, el mejor defensor frente a los depredadores, sino que ahora es el “director” de la manada, quien se coloca detrás de ella y la pone enfrente a los enemigos (o depredadores) para que, con el costo de miembros del clan que sean necesarios, defenderse de los enemigos. Ahora sí ya es un líder político. Porque no defiende al clan de nadie, sino que solamente lo usa para mantener sus privilegios, propagandeando la existencia de enemigos inexistentes, o simplemente creándolos en las mentes de los miembros del clan, a partir de objetos abstractos o entelequias, como partidos políticos, ideologías y hasta clases sociales.

En síntesis, los líderes de clanes siempre, en todos los casos, sólo defienden sus prebendas individuales con absoluta prescindencia de sus lacayos, súbditos, correligionarios, o conciudadanos.